Otro dolor: el derecho a llorar a quien la sociedad exige olvidar

Otro dolor: el derecho a llorar a quien la sociedad exige olvidar

Una investigación sobre el luto en los límites del sistema

Francisco Javier Olivas ha construido una trayectoria sólida centrada en la disección de las cicatrices que la exclusión y la violencia proyectan sobre el colectivo LGTBIAQ+. Desde sus incursiones en la narrativa con El tercer lobo (Ediciones Cívicas, 2017) hasta su exploración de la memoria histórica en El olvido de todos (Esdrújula, 2024), su obra funciona como un registro clínico y emocional de la disidencia. Con la publicación de Otro dolor (Cántico, 2026), el autor da un paso decisivo hacia el ensayo para abordar una realidad frecuentemente ignorada por la literatura y la psicología académica: la especificidad del duelo en personas lesbianas, gais y bisexuales. Esta obra nace de una investigación rigurosa en la Universidad de Granada y se nutre de los testimonios de veintisiete personas que han transitado la pérdida de su pareja bajo la sombra de la heteronormatividad. Olivas utiliza su formación como psicólogo para analizar cómo las estructuras sociales transforman un proceso biológico y psíquico natural en una experiencia de marginación. El libro introduce conceptos fundamentales como el «duelo desautorizado», describiendo situaciones donde el entorno familiar o institucional niega la legitimidad del vínculo afectivo y, por extensión, el derecho al llanto público. A lo largo de sus páginas, el autor examina las diferencias de género en la vivencia de la muerte, deteniéndose en la vulnerabilidad extrema de las mujeres lesbianas y la preocupante relación entre el suicidio y el estrés de minorías en hombres gais. En esta entrevista, profundizamos en la necesidad de una psicoterapia con perspectiva queer y en la importancia de la «familia elegida» como red de salvamento. Olivas nos invita a reflexionar sobre la dignidad en la muerte y la urgencia de construir espacios de acompañamiento que validen todas las formas de amor, incluso cuando estas desafían los mandatos tradicionales. Su voz se alza aquí para dar nombre a un dolor que la sociedad ha preferido mantener en el anonimato.


Pregunta: Menciona que las mujeres lesbianas enfrentan una invisibilidad y violencia específicas en sus procesos de pérdida. ¿Qué factores estructurales del «heteroetnocispatriarcado» provocan que el duelo de una mujer por su compañera sea relegado a un plano de absoluta inexistencia social?

Diría que la propia naturaleza de ese patriarcado. Por una parte, el hecho de ser mujer coloca en una situación de desigualdad que todavía persiste a muchos niveles, también en el trato que se recibe durante el duelo. Pero es que, además, le fallas al sistema por ser lesbiana, por eso no me olvido de mencionar que ese patriarcado es también hetero. Hay una doble violencia: la recibida por ser mujer, la recibida por ser lesbiana. 

No obstante, me gustaría aclarar que solo registramos un caso de duelo en total invisibilidad. Por suerte, en los duelos más recientes, incluso aunque se produjo invisibilidad y desautorización, también hubo apoyo por parte de familia y amistades. 

Pregunta: La investigación destaca el papel vital de la «familia elegida». ¿Cómo redefine la amistad los rituales de despedida cuando la familia biológica o política actúa como un agente de deslegitimación o incluso de expulsión durante el funeral?

En los duelos desautorizados, las amistades supusieron en algunos casos los únicos lugares de validación, reconocimiento y dignidad para las mujeres de este estudio. Allí donde había una familia buscando apartar e invisibilizar a las viudas, en muchas ocasiones hubo amigas que fueron las únicas que proporcionaron palabras de consuelo, las únicas que dijeron: “eres su mujer y mereces estar en esta iglesia en primera fila”. Por poner un ejemplo. En definitiva, la familia elegida fue fundamental para sostener en contextos tan hostiles para las mujeres lesbianas. Y qué suerte que eso fuera así, que existiera ese sostén, ¿verdad? 

Pregunta: Transita desde la poesía y la ficción hacia el ensayo académico con esta obra. ¿Cómo logras equilibrar el rigor metodológico exigido por la Universidad de Granada con la sensibilidad necesaria para procesar testimonios tan cargados de vulnerabilidad?

Por una parte, creo que la investigación de tipo cualitativo permite cierto margen para esta sensibilidad. No lo vería tan fácil en el caso de la investigación cuantitativa. Por otra, el ensayo es un género flexible y acoge la humanidad, la ternura y el cariño que un artículo científico publicado en una revista especializada no acepta. Por muy serio y riguroso que sea un contexto de investigación, no podemos olvidar que estamos trabajando con el sufrimiento de personas. Es más, te diría que no podría investigar de otra manera, no podría investigar sobre el sufrimiento humano sin la sensibilidad que mencionas. Me alegra mucho que la percibas, porque está, y creo que ha sido el motor para culminar este proyecto. Sensibilidad y empatía por el sufrimiento de estas personas. 

Pregunta 5: En el capítulo «Escribir desde la herida» compartes tu propia dificultad para asimilar la pérdida de tu primer amor. ¿En qué medida su formación como psicoanalista le permitió convertir esa vivencia personal en una herramienta de análisis clínico para este libro?

Creo que mis experiencias de pérdida me han hecho especialmente empático con estos temas. No es casualidad que esté haciendo un doctorado sobre duelo, suicidio y fin de vida en el colectivo LGTBIAQ+. Quizás no diría que he convertido mis vivencias de pérdida en una herramienta de análisis clínico, pero sí podría afirmar que mis experiencias me han dirigido a determinados lugares. Por ejemplo, a la investigación del duelo en el colectivo. 

Pregunta: Considerando tu bibliografía previa como El olvido de todos o La memoria prestada, ¿Otro dolor es una evolución natural de su interés por la represión histórica hacia una preocupación por la salud mental actual de la comunidad queer?

Diría que más que una transición de unos temas a otros hay un discurrir de varias líneas en paralelo que se mantienen a día de hoy. Me siguen interrogando temas como la memoria histórica, pero también la violencia, discriminación y la salud mental en las personas del colectivo en el pasado y en el presente. Así que, sí, creo que siguen abiertas todas esas líneas de escritura. Lo digo pensando en proyectos futuros que ya están dando vueltas en mi mente. 

Pregunta: ¿Cuáles son las carencias más críticas que has detectado en la formación de los profesionales de la psicología y la salud general cuando se enfrentan al acompañamiento de un duelo que rompe la norma heterosexual?

Hay un vacío considerable en formación en diversidad afectivo-sexual y de género en los profesionales sanitarios. Esta situación va más allá del duelo. Es una carencia mucho más general. Esto es grave, porque repercute en experiencias de discriminación, estigma y prejuicio cuando acudimos a estas personas, ya sea un gabinete psicológico o un hospital. Esto debería cambiar. Es urgente. 

Pregunta: Tu formación combina la biología y la psicología. ¿Cómo convergen estas dos disciplinas al estudiar la intersección entre un proceso biológico universal, como es la muerte, y la construcción social del luto?

Creo que mi formación como biólogo queda bastante al margen de este estudio, porque somos más que un organismo vivo que muere, ¿no? Te diría que en este trabajo me he sentido 100% psicólogo. 

Pregunta: Después de visibilizar estas veintisiete historias de pérdida y resistencia, ¿cuál consideras que es el siguiente territorio de la experiencia disidente que la literatura científica y narrativa española debe abordar de forma urgente?

Me quedó la espina de no contar con personas trans en el estudio. Para mí es un territorio pendiente y espero que en algún momento podamos estudiar cómo son sus experiencias de duelo por la muerte de una pareja. Otro gran tema es el suicidio, aunque me consta que se está investigando.


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